ANÁLISIS INTERNACIONAL ¿Está desapareciendo la vieja derecha conservadora? (PARTE I)


De Forza Italia a MAGA, DE LOS TORIES A REFORM UK: la transformación silenciosa del conservadurismo social.

Durante buena parte de la última década, el análisis político europeo ha interpretado la crisis iniciada en 2008 fundamentalmente, como una crisis de la izquierda. El hundimiento del PASOK en Grecia, la pérdida de peso de la socialdemocracia francesa y la aparición de nuevas fuerzas políticas en distintos países parecían confirmar que las primeras víctimas del terremoto económico y social habían sido los partidos progresistas tradicionales.

Pero esa lectura puede haber sido incompleta. La misma crisis que aceleró la fragmentación de la izquierda pudo iniciar también un proceso más lento, pero igualmente profundo, de erosión de las grandes derechas conservadoras que dominaron durante décadas buena parte de Europa occidental. Esa es la advertencia de fondo que plantea Iván Redondo en su columna: quizá no estemos asistiendo simplemente al crecimiento coyuntural de partidos situados más a la derecha, sino a una redistribución del poder dentro del propio espacio conservador.

La cuestión no es únicamente si aparecen nuevas derechas, sino si han venido para convivir con los partidos conservadores tradicionales o para sustituirlos.

El fenómeno adopta formas distintas según el país. En algunos casos, una fuerza nueva ocupa el espacio de otra que durante años parecía hegemónica; en otros, el partido tradicional continúa existiendo pero pierde capacidad para definir qué significa ser de derechas; y en Estados Unidos la transformación se ha producido desde dentro del propio Partido Republicano. Los caminos son diferentes, pero la pregunta que los conecta es la misma: ¿quién representará a la derecha occidental dentro de diez años?

Italia: la derecha que sustituyó a Berlusconi también puede ser sustituida

Italia ofrece uno de los ejemplos más claros. Durante casi dos décadas, Silvio Berlusconi construyó alrededor de Forza Italia un espacio político que parecía inseparable de la propia derecha italiana. Aquella hegemonía terminó debilitándose hasta que el centro de gravedad del bloque conservador pasó a Giorgia Meloni y Fratelli d’Italia. Forza Italia no desapareció, pero dejó de ser la fuerza alrededor de la cual se organizaba todo el espacio.

Lo interesante es que ese relevo puede no haber cerrado el proceso. En 2026, el exgeneral Roberto Vannacci lanzó Futuro Nazionale y abrió un nuevo frente a la derecha de Meloni. Una encuesta de SWG publicada a comienzos de septiembre situó a esa formación en el 7,5%, ligeramente por encima de Forza Italia, mientras Fratelli d’Italia seguía muy por delante con el 26,8%. No estamos ante una sustitución de Meloni, pero sí ante una señal relevante: incluso la fuerza que hace pocos años encarnaba la ruptura puede verse desafiada por otra que pretende representar una ruptura todavía mayor.

Ahí aparece una paradoja importante. Gobernar obliga a institucionalizarse, negociar, asumir responsabilidades internacionales y convertirse progresivamente en parte del sistema. La nueva derecha también puede envejecer políticamente. Y cuando eso ocurre, se abre espacio para que otra fuerza intente presentarse como más auténtica, más radical o menos condicionada por las obligaciones de gobierno.

Francia: sobrevivir no es lo mismo que dominar

Francia muestra una variante distinta. Durante décadas, la derecha gaullista fue una de las grandes estructuras vertebradoras de la Quinta República. Jacques Chirac y Nicolas Sarkozy representaron un espacio capaz de disputar de forma regular la Presidencia y de ordenar a su alrededor a una amplia coalición de votantes conservadores y de centroderecha. Esa posición de centralidad parecía estructural; hoy ya no lo es.

Les Républicains conserva organización, representantes y presencia institucional, pero ya no ejerce el monopolio político que durante años tuvo la derecha republicana francesa. Mientras tanto, el espacio situado más a la derecha se ha ampliado y ha obligado a reorganizar todo el mapa político. El verdadero cambio no consiste en que el viejo partido haya desaparecido, sino en que ha dejado de ser el propietario indiscutible de ese electorado.

Ese matiz es decisivo para entender la transformación de las derechas tradicionales. Un partido puede conservar siglas, alcaldes y diputados y, sin embargo, haber perdido algo todavía más importante: la capacidad de fijar el lenguaje, las prioridades y los límites ideológicos de su propio espacio político.

Estados Unidos: MAGA no sustituyó al Partido Republicano, lo conquistó

Estados Unidos demuestra que esta transformación ni siquiera exige crear unas nuevas siglas. El Partido Republicano continúa formalmente siendo el mismo partido histórico, pero Donald Trump y el movimiento MAGA alteraron profundamente su equilibrio interno. Reuters describía ya en la Convención Republicana de 2024 cómo el control de Trump sobre el partido había reducido gran parte de la oposición interna y convertido al GOP en una organización mucho más identificada con su liderazgo y su movimiento.

Aquí no apareció un partido exterior que arrebatara al Partido Republicano su electorado. La transformación se produjo desde dentro. Las siglas sobrevivieron, la estructura permaneció y el partido siguió compitiendo con el mismo nombre, pero cambió buena parte de su identidad política. Es una diferencia fundamental porque demuestra que la sustitución de una vieja derecha puede producirse de dos formas: mediante otra organización que ocupa su espacio o mediante una corriente nueva que conquista la organización tradicional y la redefine.

El caso estadounidense obliga, por tanto, a abandonar la idea de que la continuidad de unas siglas implica necesariamente la continuidad de una tradición política. Un partido puede conservar exactamente el mismo nombre y dejar de ser, en términos políticos, el mismo partido.

Alemania, Reino Unido y Portugal: la presión ya no es excepcional

Alemania, Reino Unido y Portugal no reproducen exactamente la misma historia, pero muestran que la presión sobre el conservadurismo tradicional se extiende por sistemas políticos muy diferentes. En Alemania, la CDU continúa siendo una de las grandes estructuras de poder del país, pero el crecimiento de AfD ha alterado profundamente la competencia en la derecha. En septiembre de 2026, Reuters señalaba que AfD encabezaba sondeos nacionales y seguía excluida del Gobierno federal por el denominado firewall o cordón sanitario de los demás partidos.

En Reino Unido, Reform UK ha conseguido abrir una disputa que hace unos años habría parecido improbable. El dato verdaderamente relevante no es quién aparece unas décimas por delante en una encuesta concreta, sino que el liderazgo de un espacio político dominado durante generaciones por el Partido Conservador haya dejado de parecer intocable. Reform ya había llegado a liderar encuestas nacionales en 2025 y 2026, mientras los tories sufrían una erosión considerable de su base electoral.

Portugal ofrece otra variante todavía más clara. En las elecciones legislativas de mayo de 2025, Chega consiguió 60 diputados y superó al Partido Socialista, convirtiéndose en la principal fuerza de oposición. Ese resultado rompió décadas de dominio de las grandes formaciones tradicionales y confirmó que la aparición de una nueva derecha podía dejar de ser un fenómeno periférico para convertirse en uno de los ejes centrales del sistema político.

Los contextos son distintos y sería un error tratar todos estos casos como si obedecieran a una misma ley automática. Pero precisamente porque Italia, Francia, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Portugal tienen sistemas electorales e historias políticas tan diferentes resulta significativo que aparezca una cuestión común: las viejas derechas ya no pueden dar por garantizado que seguirán representando indefinidamente a todo su espacio político.

2008: quizá no fue una crisis de la izquierda, sino del viejo sistema de partidos

Visto desde esta perspectiva, la crisis financiera de 2008 adquiere una dimensión política mucho mayor. No habría provocado únicamente una recesión económica y una oleada temporal de indignación, sino una crisis de representación cuyos efectos continúan desarrollándose casi dos décadas después. Primero fueron más visibles en la izquierda porque allí las fracturas aparecieron antes y con mayor intensidad. En la derecha, el proceso pudo ser más lento porque los grandes partidos conservadores conservaron durante más tiempo estructuras territoriales sólidas, electorados estables y una mayor capacidad para absorber el descontento.

Pero resistencia inicial no significa inmunidad. Los casos analizados muestran mecanismos diferentes de transformación: sustitución entre partidos, pérdida de hegemonía sin desaparición, competencia desde la derecha o conquista interna de una organización histórica. El resultado común es que los viejos partidos conservadores ya no pueden actuar como si sus electorados les pertenecieran de forma permanente.

Quizá el verdadero legado político de 2008 no sea el nacimiento del populismo, sino el lento final del sistema de partidos que organizó buena parte de Occidente durante la segunda mitad del siglo XX.

Algunos de esos partidos resistirán, otros se transformarán y otros pueden acabar siendo sustituidos. Lo que parece mucho menos seguro es que puedan mantener intacta la posición que ocuparon durante décadas. Por eso, la cuestión verdaderamente relevante no es únicamente quién gobierna hoy, sino quién está construyendo la identidad política que dominará mañana cada espacio ideológico.

Fuentes y referencias

Iván Redondo, «Lo que ve el bajo», La Vanguardia, 28 de septiembre de 2026. Abrir fuente

Reuters, 1 de septiembre de 2026, sobre Futuro Nazionale, Vannacci y la evolución de las encuestas en Italia. Abrir fuente

Reuters, 18 de julio de 2024, sobre la transformación del Partido Republicano bajo Donald Trump. Abrir fuente

Reuters, 22 de septiembre de 2026, sobre la posición de AfD en Alemania. Abrir fuente

Reuters, 28 de mayo de 2025, sobre el ascenso de Chega como principal fuerza de oposición en Portugal. Abrir fuente

[SEOEN]https://vocesrebeldesespana.blogspot.com/2026/09/international-analysis-is-old.html[/SEOEN]

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