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Junts ante su harakiri político: vivienda, Puigdemont y Aliança Catalana


Junts volvió a demostrar que sus siete diputados pueden decidir una votación clave en Madrid. Su rechazo a los decretos de vivienda, junto a PP y Vox, contribuyó a tumbar medidas sobre alquileres, prórrogas y protección frente a determinados desahucios. Junts justificó su voto en la defensa del pequeño propietario y en la idea de que los textos no resolvían de verdad el problema de la vivienda.

Pero el meollo no está solo en lo que cayó, sino en las consecuencias políticas que abre para Junts. El partido de Puigdemont juega a la vez en varios tableros: mantener su capacidad de presión en Madrid, contener a Aliança Catalana en Cataluña y culminar el regreso de Puigdemont. El problema aparece cuando avanzar en uno de esos frentes puede debilitarlo en los otros.

Pasar a ser prescindibles

La primera consecuencia del bloqueo es que Junts puede acelerar un escenario electoral cuyo resultado ya no controla.

Junts puede ser decisivo hoy y prescindible mañana si unas generales cambian la aritmética parlamentaria, que cambiará. Puede conservar representación y, aun así, dejar de ser imprescindible si la nueva mayoría parlamentaria puede construirse sin sus diputados. Su fuerza actual no depende solo de cuántos escaños tiene, sino de que esos escaños resulten necesarios para completar una mayoría.

Ese es el riesgo político real de tensar la legislatura. Junts puede contribuir a precipitar unas elecciones y descubrir después que ha perdido precisamente la posición que le permitía condicionar al Gobierno, marcar el ritmo de las negociaciones y convertir cada votación importante en una demostración de fuerza.

[CLAVE]Junts puede forzar el final de un escenario político que hoy le da mucho más poder del que garantiza tener después.[/CLAVE]

Aliança Catalana cambia el cálculo

La amenaza está en Cataluña, no en unas generales.

Aliança Catalana le está comiendo terreno a Junts y obliga a Puigdemont a endurecer su perfil para no perder más espacio dentro del independentismo. La presión de Sílvia Orriols afecta directamente al terreno donde Junts se juega su supervivencia política a medio plazo: Cataluña, no el Congreso de los Diputados.

Pero existe una diferencia decisiva. Aliança Catalana ha anunciado que no se presentará a las elecciones generales, de modo que unas elecciones anticipadas no colocarían a Junts frente al rival que más terreno le está quitando. Eso reduce el riesgo inmediato de tensar la legislatura y modifica por completo el cálculo político de cada voto contra el Gobierno.

[CLAVE]Junts puede acercar unas generales sabiendo que Aliança Catalana no estará allí para disputarle directamente sus votos.[/CLAVE]

Puigdemont, después de Waterloo

El regreso puede ser una victoria política, pero también el momento en que empiece el verdadero examen de Junts.

La amnistía ha marcado toda la legislatura porque debía permitir el regreso de Carles Puigdemont. Si finalmente vuelve, Junts podrá presentar ese desenlace como una victoria política después de años de presión sobre el Gobierno y como la culminación de una estrategia que ha condicionado buena parte de la política española desde 2023.

Pero el regreso también elimina una explicación. Si Puigdemont está de nuevo en Cataluña y Junts continúa perdiendo terreno frente a Aliança Catalana, el problema ya no podrá situarse en Waterloo, en el exilio o en los tribunales. El foco pasará directamente a su capacidad para volver a conectar con un electorado que empieza a buscar otras referencias.

[CLAVE]Puigdemont puede volver como vencedor de una batalla y descubrir después que la guerra electoral se está perdiendo en Cataluña.[/CLAVE]

Elegir al propietario también es elegir bando

La vivienda obliga a Junts a retratarse ante dos electorados que también son catalanes.

Junts ha decidido colocar en primer plano la defensa del pequeño propietario, y puede hacerlo. El problema es que, políticamente, cada prioridad también deja a alguien en segundo plano. En este caso, ese alguien es el inquilino catalán: el joven que no puede emanciparse, la familia que teme una subida y el trabajador que dedica cada vez más sueldo a mantener un techo.

Si el voto de Junts termina percibiéndose como una defensa del rentista frente al inquilino, el partido habrá abierto un frente peligroso dentro de Cataluña. La batalla por la vivienda no se libra solo entre Gobierno y oposición, sino también dentro de su propio electorado, donde propietarios e inquilinos viven el mismo problema desde posiciones completamente diferentes.

[CLAVE]Junts puede proteger al catalán que cobra el alquiler y acabar perdiendo al catalán que lo paga.[/CLAVE]

El coste político puede aumentar todavía más si ese malestar abandona las encuestas y se instala en la calle. Las protestas por la vivienda ya han demostrado capacidad de movilización y Junts podría acabar convirtiéndose en uno de sus objetivos directos si se consolida la percepción de que ha elegido claramente qué lado proteger.

[CITA]¿Qué tal una acampada frente a la sede de Junts para recordar que los inquilinos también son catalanes?[/CITA]

El verdadero harakiri

La cuestión ya no es si Junts puede bloquear al Gobierno. Ha demostrado que puede. La cuestión es qué ocurre después.

La operación puede salirle bien. Puigdemont puede regresar, Junts puede marcar distancias definitivas con el PSOE, unas generales pueden llegar sin Aliança Catalana y el partido puede intentar recuperar parte del espacio perdido antes de volver a enfrentarse a Orriols en unas elecciones catalanas.

Pero también puede ocurrir lo contrario. La legislatura puede terminar, Junts puede dejar de ser decisivo en Madrid, Puigdemont puede regresar sin recuperar el electorado perdido y la vivienda puede abrir además una brecha con una parte de los votantes catalanes que viven de alquiler. En ese escenario, todos los riesgos acumulados aparecerían al mismo tiempo.

Ese sería el verdadero harakiri político: no votar contra Sánchez, sino llevar al límite un poder excepcional hasta poner en peligro el escenario que lo hacía posible. Junts estaría cambiando influencia real en Madrid por una apuesta electoral cuyo resultado no controla y mientras, en Cataluña, continúa perdiendo terreno.

[CLAVE]El harakiri de Junts sería perder en Madrid el poder que todavía no ha conseguido recuperar en Cataluña.[/CLAVE]

[FRASE]Junts arriesga su poder en Madrid mientras espera el regreso de Puigdemont, pierde terreno ante Aliança Catalana y abre además un frente con los inquilinos catalanes por su posición sobre la vivienda.[/FRASE]

[TraducirESP]

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