Pedro Sánchez y el adelanto electoral: la tentación de votar el 29 de noviembre
[FRASE] Convocar ahora permitiría a Sánchez intentar aprovechar la movilización por la vivienda, cambiar el eje de la campaña y elegir el momento de la batalla antes de que la legislatura se desgaste todavía más.[/FRASE]
Pedro Sánchez vuelve a encontrarse ante uno de esos momentos que han marcado buena parte de su trayectoria política: elegir entre resistir o cambiar el tablero. Tras la derrota parlamentaria de los decretos de vivienda, la posibilidad de un adelanto electoral ha entrado en la conversación política y sobre la mesa aparece incluso una fecha: el 29 de noviembre. elDiario.es asegura que el presidente estudia esa posibilidad y que su equipo trabaja ya con ese escenario.
La decisión no está tomada. Pero la hipótesis plantea una pregunta interesante: ¿qué podría llevar a Sánchez a convocar precisamente ahora, cuando las encuestas no ofrecen un escenario favorable para la izquierda y su mayoría parlamentaria parece cada vez más difícil de manejar?
El Congreso se convierte en Another Brick in the Wall
La legislatura lleva tiempo mostrando síntomas de agotamiento, pero el problema ya no está únicamente en una votación concreta. La tendencia apunta a un bloqueo creciente. Cada decreto o iniciativa importante exige negociaciones diferentes con socios que tienen cada vez más incentivos para marcar perfil propio.
Si esta dinámica continúa, la dificultad irá in crescendo, reduciendo progresivamente el margen del Gobierno para legislar y controlar su propia agenda. La cuestión ya no sería simplemente si Sánchez puede continuar en La Moncloa, sino cuánto puede gobernar realmente en estas condiciones.
Las encuestas apuntan en una dirección...
El primer problema de un posible adelanto es evidente. Las encuestas privadas no dibujan actualmente un escenario incómodo para el bloque progresista. El barómetro de 40dB. de septiembre situó a PP y Vox conjuntamente en el 50,2%, frente al 33,3% de PSOE y Sumar; incluyendo Podemos, la izquierda alcanzaba el 36,1%.
Convocar ahora no supondría, por tanto, aprovechar una ventaja demoscópica. Sería aceptar unas elecciones de riesgo confiando en que el contexto político pueda modificarse durante una campaña. Las encuestas son una fotografía del momento; el dilema para Sánchez consiste en decidir si esa fotografía refleja también lo que ocurriría después de varias semanas de intensa movilización electoral.
...la calle empieza a empujar en otra
Frente a esa fotografía aparece otra.: [CLAVE] La vivienda ha conseguido movilizar la calle y devolver una gran cuestión social al centro de la conversación pública. La protesta de Sol reunió miles de personas y más de un millar de tiendas, y la movilización llegó este viernes hasta las inmediaciones del Congreso después del rechazo parlamentario a los decretos.[/CLAVE]
Además, el problema atraviesa fronteras ideológicas. Un sondeo de 40dB. publicado este viernes indica que el 67,5% respalda limitar el precio del alquiler y que la vivienda se ha convertido en la segunda gran preocupación ciudadana.
Pero existe una diferencia fundamental: una plaza llena no significa automáticamente una urna llena. La movilización puede cambiar la agenda y activar a sectores descontentos, pero convertir ese malestar en votos requiere que los partidos sean capaces de canalizarlo electoralmente.:Convertir una derrota en campaña electoral
Ahí podría encontrarse la lógica política del adelanto. Después del bloqueo de las medidas de vivienda, el PSOE tendría la oportunidad de intentar desplazar el eje de la campaña hacia alquileres, desahucios, vivienda pública y acceso de los jóvenes a una casa.
El mensaje sería sencillo: el Gobierno presentó medidas y PP, Vox y Junts las bloquearon. Los tres partidos tienen argumentos propios para justificar su rechazo, pero el PSOE podría intentar convertir aquella votación en una frontera reconocible para su electorado y abandonar parcialmente el terreno defensivo que ha dominado buena parte de la legislatura.
Los casos judiciales seguirían ahí
Cambiar el terreno de juego no significa borrar lo ocurrido durante la legislatura. Los asuntos judiciales relacionados con figuras del PSOE y con el entorno del presidente seguirían inevitablemente presentes, y PP y Vox tendrían pocos motivos para abandonar uno de los ejes que más desgaste político ha generado al Gobierno.
Begoña Gómez, Ábalos y otros procedimientos seguirían reapareciendo durante la campaña. La vivienda podría competir por el centro de la conversación pública, pero difícilmente eliminaría esos asuntos de debates, entrevistas y titulares.
Sánchez tendría así que desarrollar una campaña en dos direcciones: intentar movilizar mediante una agenda social y, simultáneamente, defender el balance de una legislatura marcada también por frentes judiciales.
Pero el PP tampoco tendría una campaña limpia
La oposición tampoco llegaría completamente libre de asuntos incómodos. El PP tendría que gestionar cuestiones relacionadas con Isabel Díaz Ayuso y su entorno, incluida la situación judicial de su pareja, Alberto González Amador, cuyo procedimiento por presunto fraude fiscal sigue pendiente de juicio.
A ello se suma la polémica del ático de Chamberí comprado por la empresa pública Planifica Madrid por 6,3 millones de euros, una operación que ha generado controversia sobre su finalidad y su tramitación.
Son asuntos diferentes y con situaciones jurídicas distintas, por lo que no cabe establecer equivalencias automáticas. Políticamente, sin embargo, significan que una campaña inmediata tampoco permitiría al PP centrar toda la discusión exclusivamente en los problemas del PSOE.
El gran problema está a la izquierda del PSOE
Quizá el mayor obstáculo para Sánchez esté en sus potenciales aliados. La izquierda situada fuera del PSOE llega desestructurada, sin liderazgo compartido y con demasiadas decisiones pendientes. El propio barómetro de 40dB. señalaba en septiembre la incertidumbre sobre la forma final de Sumar, su candidato, su marca y las fuerzas que conseguiría reunir.
La “vía Rufián” perdió fuerza sin llegar a cristalizar, mientras Irene Montero ha recuperado protagonismo y ha anunciado que pretende disputar la candidatura mediante primarias abiertas más allá de Podemos. Sumar todavía no tiene un candidato definido.
Un adelanto para noviembre obligaría a resolver en pocas semanas liderazgo, coaliciones, listas, marca y estrategia electoral. Lo que no se ha conseguido ordenar durante meses tendría que cerrarse a contrarreloj.
El PSOE puede subir y perder igualmente
Ahí aparece una paradoja importante. El PSOE podría recuperar parte del voto perdido, mejorar su resultado e incluso beneficiarse de una campaña centrada en vivienda y movilización social y, aun así, terminar con una mayoría parlamentaria peor si sus potenciales aliados pierden representación.
En muchas provincias, unos pocos puntos repartidos entre varias candidaturas pueden marcar la diferencia entre conseguir un diputado o quedarse fuera. Sánchez podría subir y descubrir después que dispone de menos socios con los que construir una mayoría, convirtiendo una mejora socialista en un retroceso del conjunto del bloque.
Esperar tampoco sale gratis
Llegar hasta 2027 tampoco garantiza que la situación vaya a mejorar. El bloqueo parlamentario puede crecer, los frentes judiciales continuar generando desgaste y la percepción de final de ciclo hacerse cada vez más difícil de combatir.
Sánchez tendría que elegir, por tanto, entre votar ahora en unas condiciones difíciles o esperar confiando en que el tiempo recomponga a la izquierda y mejore las encuestas. El problema es que esos meses también pueden traer más bloqueo, más desgaste y un escenario todavía menos favorable.
La tentación electoral
Ahí está finalmente la decisión. Convocar ahora permitiría a Sánchez intentar aprovechar la movilización por la vivienda, cambiar el eje de la campaña y elegir el momento de la batalla antes de que la legislatura se desgaste todavía más.
Pero tendría que hacerlo con encuestas adversas, asuntos judiciales presentes y una izquierda desorganizada. Esperar ofrecería margen para ordenar ese espacio, pero también abriría la puerta a nuevos bloqueos y a un desgaste más profundo.
La pregunta final es bastante concreta:
¿Arriesgar ahora, cuando la calle empieza a moverse, o esperar y asumir que dentro de unos meses el escenario puede ser todavía peor? [TraducirESP]
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