ANÁLISIS ESPAÑA ¿Está desapareciendo la vieja derecha conservadora? (PARTE II)


Dos competiciones diferentes apuntan a una misma cuestión: qué ocurre cuando una formación asentada empieza a perder terreno frente a un competidor situado a su derecha.


En la primera parte de este análisis recorrimos Italia, Francia, Estados Unidos, Alemania, Reino Unido y Portugal para observar un fenómeno que adopta formas diferentes pero plantea una misma cuestión: las fuerzas políticas que durante décadas dominaron un determinado espacio ideológico ya no pueden dar por garantizado que seguirán haciéndolo indefinidamente.

Al trasladar esa reflexión a España aparecen dos escenarios distintos que merece la pena observar. El primero afecta al espacio de la derecha estatal: el Partido Popular continúa siendo claramente su fuerza dominante, pero Vox aparece en los sondeos de 2026 bastante por encima del resultado que obtuvo en las elecciones generales de 2023. El segundo se desarrolla en Cataluña, donde Junts, una formación central en el independentismo durante la última década, afronta una presión creciente de Aliança Catalana.

Los dos casos no son equivalentes. Junts no puede reducirse simplemente a la categoría de derecha tradicional: combina independentismo, diferentes tradiciones políticas y un electorado ideológicamente más heterogéneo. El paralelismo interesante se encuentra en otro lugar. Tanto el PP como Junts observan cómo una formación situada a su derecha intenta captar una parte de sus antiguos votantes y modificar el equilibrio de fuerzas dentro de su propio espacio.

[CLAVE] La batalla política ya no se libra únicamente entre bloques. También se libra por decidir quién representa a cada bloque. [/CLAVE]

PP y Vox: ya no basta con hablar de socios

Durante años, la relación entre PP y Vox se ha analizado principalmente desde la aritmética parlamentaria: cuántos diputados suman, dónde necesitan pactar y qué condiciones podría exigir Vox para facilitar un gobierno encabezado por el Partido Popular. Esa lectura continúa siendo importante, pero resulta insuficiente para entender la evolución que se está produciendo dentro de la derecha española.

PP y Vox pueden necesitarse para construir determinadas mayorías y, simultáneamente, competir por una parte importante del mismo electorado. Y es precisamente ahí donde aparece una diferencia significativa entre las trayectorias recientes de ambos partidos.

En las elecciones generales del 23 de julio de 2023, el PP consiguió el 33,1% de los votos y Vox el 12,4%. Tres años después, varios sondeos publicados en septiembre de 2026 dibujan una fotografía diferente. El barómetro de 40dB sitúa al PP en el 32,4% y a Vox en el 17,8%; Sigma Dos coloca al PP en el 33,1% y a Vox en el 17,9%; y GAD3 estima un 31,1% para el PP y un 19,2% para Vox.

PP y Vox · 2023 frente a septiembre de 2026

ReferenciaPPVox
Elecciones generales 202333,1%12,4%
40dB · septiembre 202632,4%17,8%
Sigma Dos · septiembre 202633,1%17,9%
GAD3 · septiembre 202631,1%19,2%

Los porcentajes de 2026 son estimaciones demoscópicas, no resultados electorales. No permiten anticipar qué ocurrirá en unas futuras elecciones, pero sí sirven para comparar la fotografía actual de varios sondeos con el punto de partida de 2023.

[CITA] Las encuestas no son determinantes pero apuntan la tendencia [/CITA]

La coincidencia entre estos estudios resulta relevante. El PP aparece aproximadamente en el mismo territorio electoral que ocupaba hace tres años, mientras Vox se sitúa entre cinco y casi siete puntos por encima de su resultado de las últimas generales. Dicho de otra manera: el conjunto de la derecha puede ampliar su peso sin que ese crecimiento fortalezca en la misma proporción al Partido Popular.

Ese matiz modifica la forma de interpretar la relación entre ambos. El principal desafío para el PP no consiste simplemente en que exista Vox ni en que pueda necesitar sus escaños para gobernar. La cuestión estratégica aparece si Vox continúa ampliando su peso dentro del bloque mientras el Partido Popular encuentra dificultades para superar de manera estable el nivel electoral alcanzado en 2023.

El barómetro de 40dB añade además otra señal: los trasvases de voto entre PP y Vox favorecen actualmente a este último. El estudio detecta una transferencia apreciable de antiguos votantes populares hacia Vox y señala una elevada fidelidad electoral de la formación de Santiago Abascal. Son datos de encuesta y, por tanto, pueden cambiar antes de unas elecciones, pero muestran que la competencia ya se produce también dentro del propio electorado que sostuvo al Partido Popular en 2023.

Por eso, reducir la relación entre ambas formaciones a la pregunta de cuántos diputados de Vox necesitaría Feijóo para una investidura puede hacer perder de vista una cuestión anterior: cómo se está repartiendo el crecimiento electoral dentro de la propia derecha.

Cataluña: Junts encuentra un competidor a su derecha

El segundo escenario aparece en Cataluña y presenta características propias.

En las elecciones autonómicas del 12 de mayo de 2024, Junts consiguió 35 diputados y alrededor del 21,6% de los votos. Aliança Catalana, que entraba por primera vez en el Parlament, obtuvo dos escaños y aproximadamente el 3,8%. La diferencia entre ambas formaciones era entonces enorme.

Dos años después, la fotografía demoscópica ha cambiado considerablemente. El barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió publicado en julio de 2026 situó a Aliança Catalana en una horquilla de 23 a 25 diputados y redujo a Junts a entre 16 y 18. El mismo estudio mantenía al PSC como primera fuerza y situaba a ERC por delante de ambas. Se trata de una estimación de encuesta, no de un resultado electoral, pero representa una modificación muy importante respecto a la correlación de fuerzas de 2024.

Junts y Aliança Catalana · cambio de escenario

ReferenciaJuntsAliança Catalana
Elecciones catalanas 202435 escaños · 21,6%2 escaños · 3,8%
CEO · julio 202616–18 escaños23–25 escaños
GESOP · julio 202615–18 escaños25–28 escaños

Un segundo sondeo, elaborado por GESOP a finales de julio, dibujó una situación semejante: Aliança Catalana aparecía con entre 25 y 28 diputados, mientras Junts quedaba en una horquilla de entre 15 y 18. De nuevo, estas cifras no son una previsión de lo que necesariamente ocurrirá en las próximas elecciones catalanas, pero muestran que el crecimiento de Aliança ya no puede analizarse únicamente como la irrupción de una pequeña fuerza parlamentaria.

Todavía más significativo que la estimación de escaños es el origen de una parte de ese crecimiento. Según el CEO, alrededor del 28% de quienes habían votado a Junts en 2024 se inclinaban en ese momento por Aliança Catalana. La formación de Sílvia Orriols también captaba apoyos procedentes de otros espacios: aproximadamente un 23% de quienes habían votado a Vox aparecían igualmente dispuestos a escogerla.

Este dato obliga a introducir una precisión importante. Aliança Catalana no está creciendo únicamente a costa de Junts y tampoco puede interpretarse simplemente como una versión catalana del fenómeno Vox. Reuters describe a la formación como una fuerza independentista de extrema derecha y destaca que su crecimiento está introduciendo nuevas divisiones dentro del independentismo, especialmente alrededor de cuestiones como inmigración, seguridad e identidad catalana.

Por eso, la comparación PP–Vox y Junts–Aliança Catalana debe manejarse con cuidado. En el primer caso hablamos de dos partidos estatales que compiten dentro de la derecha española. En Cataluña interviene además un eje nacional decisivo: independencia frente a unionismo, junto con las diferencias ideológicas tradicionales.

El punto de contacto entre ambos casos es más limitado, pero también más interesante: una formación consolidada descubre que una parte de los votantes que consideraba relativamente próxima puede encontrar una nueva opción situada a su derecha.

Junts afronta un problema diferente al del PP

El caso catalán resulta especialmente llamativo porque el cambio demoscópico se ha producido con mucha mayor rapidez.

Aliança Catalana pasó de conseguir dos diputados en mayo de 2024 a aparecer, apenas dos años después, por delante de Junts en diferentes encuestas. Esto no demuestra que vaya a producirse ese resultado cuando los catalanes vuelvan a votar, pero sí modifica las condiciones en las que Junts debe diseñar su estrategia.

La cuestión para Junts ya no consiste únicamente en competir con ERC por la dirección del independentismo o con el PSC por la centralidad política catalana. Ahora debe observar también una fuga potencial hacia una formación que cuestiona desde otro ángulo el legado del procés y que combina posiciones independentistas con un discurso mucho más duro sobre inmigración y seguridad. EFE señala precisamente que Aliança ha conseguido crecer atacando a los partidos independentistas tradicionales por no haber culminado la independencia en 2017, al mismo tiempo que incorpora un discurso fuertemente contrario a la inmigración.

La consecuencia es una competición en varios frentes. Junts intenta conservar una base independentista que abarca sensibilidades muy distintas, mientras Aliança Catalana busca construir un espacio propio apelando tanto a antiguos votantes de Junts como a sectores procedentes de otras formaciones.

No estamos, por tanto, ante una simple sustitución lineal. Pero sí ante una disputa por la representación de una parte significativa del independentismo que hace apenas dos años no tenía esta dimensión.

El precedente de Ciudadanos: una advertencia en las dos direcciones

La política española ofrece un precedente que obliga a mantener la prudencia.

En las elecciones generales de abril de 2019, el Partido Popular cayó al 16,7% de los votos y 66 diputados, mientras Ciudadanos alcanzó el 15,9% y 57 escaños. Por primera vez, la posibilidad de que otra formación desplazara al PP como referencia principal del centroderecha dejó de parecer una hipótesis remota.

No ocurrió.

El Partido Popular recuperó posteriormente buena parte de aquel espacio y Ciudadanos terminó prácticamente desapareciendo de la política nacional.

Ese episodio demuestra que una amenaza electoral o demoscópica no constituye por sí misma una sustitución. Los votantes pueden regresar, las coyunturas políticas cambian y una formación emergente puede perder en muy poco tiempo lo que tardó años en construir.

Pero el precedente contiene también la advertencia contraria: ninguna hegemonía es propiedad permanente de unas siglas. El hecho de que el PP consiguiera derrotar políticamente a Ciudadanos no garantiza que cualquier futura competencia con Vox tenga el mismo desenlace. Y que Junts obtuviera 35 diputados en 2024 tampoco garantiza que mantendrá indefinidamente esa posición dentro del independentismo.

Dos disputas distintas, una cuestión común

La incorporación del caso catalán amplía considerablemente la reflexión planteada por Iván Redondo.

En España ya no existe únicamente una pregunta acerca de la relación entre PP y Vox. También aparece otra sobre la capacidad de Junts para conservar su centralidad ante el crecimiento de Aliança Catalana.

Las dos competiciones pertenecen a sistemas políticos diferentes y responden a electorados, identidades y ejes ideológicos distintos. No tendría sentido presentar Aliança como el “Vox catalán” ni a Junts como una simple réplica del PP.

Pero ambos procesos permiten observar un fenómeno común: la competición política no se produce solamente entre adversarios situados en bloques diferentes. También ocurre dentro de los propios bloques por el derecho a representarlos.

Cuando una nueva fuerza consigue captar una parte apreciable del electorado de un partido consolidado, cambia la naturaleza de la relación. Ya no hablamos únicamente de un partido minoritario que puede resultar útil para formar una mayoría. Hablamos de un competidor que empieza a disputar quién define el discurso, qué asuntos ocupan el centro de la agenda y qué límites ideológicos tiene ese espacio político.

Y esa transformación comienza mucho antes de que exista un sorpasso.

Empieza cuando un partido deja de poder dar por seguro a su propio electorado.

El verdadero aviso

La lectura más útil de todos estos datos no consiste en convertir las encuestas en una profecía sobre quién acabará sustituyendo a quién.

Los sondeos de septiembre de 2026 no permiten afirmar que Vox vaya a disputar finalmente al PP la primacía de la derecha española. Tampoco los estudios del CEO y GESOP permiten afirmar que Aliança Catalana vaya a quedar por delante de Junts cuando se celebren las próximas elecciones catalanas.

Lo que sí muestran es una modificación relevante de la competencia dentro de ambos espacios.

En el ámbito estatal, el PP continúa dominando claramente la derecha, pero Vox aparece en los sondeos varios puntos por encima de su resultado de 2023 mientras los populares permanecen aproximadamente alrededor del porcentaje conseguido entonces.

En Cataluña, el movimiento demoscópico es todavía más abrupto: una formación que entró en el Parlament con dos diputados en 2024 aparece dos años después con entre 23 y 28 escaños en dos estudios diferentes, mientras Junts retrocede significativamente en esas mismas estimaciones.

Ninguno de esos movimientos determina el desenlace.

Pero ambos cuestionan una idea que durante años parecía evidente: que las jerarquías dentro de los bloques políticos eran relativamente estables.

Quizá ahí se encuentre el verdadero alcance de la reflexión de Redondo. Mientras el debate diario se concentra en quién puede ganar las próximas elecciones, existe otra batalla menos inmediata pero potencialmente más profunda: quién tendrá capacidad para representar, definir y ordenar cada espacio político dentro de cinco o diez años.

Los gobiernos pueden cambiar en una legislatura.

Las hegemonías políticas, cuando cambian, pueden alterar una generación entera.


Fuentes y referencias

Iván Redondo, «Lo que ve el bajo», La Vanguardia, 28 de septiembre de 2026.
Resultados de las elecciones generales del 23 de julio de 2023, Ministerio del Interior.
Barómetro de 40dB para EL PAÍS y Cadena SER, septiembre de 2026.
Barómetro de Sigma Dos para El Mundo, septiembre de 2026.
Barómetro de GAD3 para ABC, septiembre de 2026.
Resultados de las elecciones al Parlament de Catalunya de 2024.
Barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió, julio de 2026.
Encuesta GESOP, julio de 2026.
EFE, análisis del crecimiento de Aliança Catalana y los trasvases desde Junts y Vox.
Reuters, análisis del crecimiento de Aliança Catalana dentro del independentismo catalán, 23 de septiembre de 2026. 
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Los Conservadores Españoles y también los catalanes sumidos en la misma batalla por el espacio político y su supervivencia 
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