Unidad sin Podemos es: parole, parole, parole. Un de Arena.


“Que vienen los fachas”. “Unidad ya”. “O esto será el apocalipsis”. El mantra retumba en boca de Gabriel Rufián, de Yolanda Díaz y de toda una procesión de portavoces nerviosos. Pero cuando preguntas unidad para qué, se hace el silencio. Silban. Cambian de tema. Apelan al miedo.

La palabra mágica lo cura todo, dicen. ¿El programa? Ya si eso. ¿La estrategia? Después. ¿El reparto de poder? Ah, eso sí que urge.

El error estratégico

Marginar a Podemos no es solo una torpeza moral: es un suicidio político. Se puede despreciar a Pablo Iglesias, se puede caricaturizar a Irene Montero, pero no se puede borrar lo evidente: sin ese motor no hubo terremoto, no hubo ruptura del tablero, no hubo posibilidad real de condicionar al PSOE desde la izquierda.

Llamarlos “Galapagar y cuatro gatos” es la fantasía cómoda de quien nunca construyó nada. Podemos fue —y sigue siendo— el espacio que incomoda al sistema, el que señala la OTAN, la monarquía, el gasto militar, la arquitectura financiera. Por eso molesta. Por eso estorba. Por eso algunos prefieren una izquierda dócil, decorativa, administradora del mal menor.

El sistema no teme a una izquierda pequeña. Teme a una izquierda con razón.

Malmenorismo o proyecto

El chantaje del miedo vuelve a escena: o te unes bajo nuestras condiciones o serás responsable del desastre. Es la vieja política con filtro nuevo. Pero la ciudadanía no vive de eslóganes; vive de salarios, alquileres, listas de espera, facturas.

Cada minuto que la izquierda dedica a hablar de siglas en vez de hablar de vivienda o precariedad es un minuto regalado al bloque de poder. Y eso lo saben todos.

La pregunta no es si hay que unirse. La pregunta es sobre qué bases.
¿Programa claro? ¿Compromisos verificables? ¿Democratización interna real?
¿O solo foto, titulares y sillones?

Sin conflicto no hay respeto

Al PSOE le fue mejor cuando tuvo enfrente a una izquierda exigente que cuando creyó que podía domesticarla. Los socialistas desprecian a los manejables. Respetan a quienes discuten, tensan y marcan límites.

La unidad sin Podemos no es unidad: es amputación.
Y una izquierda amputada no gana; administra derrotas.

Sin Podemos no hay partido.
Lo demás es parole, parole, parole.

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