China vs EEUU en Venezuela: carrera a mordiscos por el botín petrolero.
Botín petrolero y hegemonía
Detrás de la captura de Maduro hay menos épica democrática y mucho más cálculo sobre quién se queda con las mayores reservas probadas de crudo del planeta. Trump ha verbalizado sin rubor que su objetivo es “gestionar” Venezuela y poner sus recursos al servicio de las compañías estadounidenses, un giro abiertamente colonial en pleno siglo XXI.
En un mercado con petróleo abundante, el valor de Venezuela no está en salvar la oferta global, sino en controlar un grifo capaz de presionar precios, debilitar a OPEP+ y castigar a rivales como Rusia. Reconstruir PDVSA exige cientos de miles de millones y una década larga de inversiones, un banquete diseñado para gigantes como Chevron.
China, invitada incómoda al reparto
El “botín” venezolano no solo son barriles: son minas de minerales estratégicos, infraestructuras y un enclave geopolítico donde China, Rusia e Irán habían ganado terreno a Washington. Pekín había financiado a PDVSA, suministrado armamento y consolidado a Caracas como socio político en su pulso con EEUU, aunque con cautelas y sin alianzas defensivas formales.
Al golpear a Venezuela, Trump lanza también un aviso a China: sus apuestas en el patio trasero de EEUU pueden volatilizarse en una sola operación “quirúrgica”. Dejar el negocio del crudo en manos de empresas estadounidenses y relegar a China al papel de simple cliente es parte del castigo, pero también una advertencia de lo que podría ocurrir en otros puntos calientes del mapa.
Un país reducido a botín
La narrativa del “rescate” democrático oculta que los 30 millones de venezolanos vuelven a ser tratados como daño colateral en un saqueo geoestratégico. La promesa de estabilidad y prosperidad choca con una historia reciente de intervenciones que dejaron estados fallidos, élites enriquecidas y sociedades aún más fracturadas.
Mientras Washington reescribe las reglas de la soberanía a golpe de comando y China calcula hasta dónde responder, Venezuela corre el riesgo de quedar atrapada como territorio de saqueo entre imperios rivales. El botín petrolero del siglo XXI vuelve a tener un nombre propio, pero no una voz propia.
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