Sumar 2.0: menos peña, menos ambición y puertas que se cierran


Sumar 2.0 se vende como que ahora sí, que esta vez va en serio, que ya han aprendido. Pero si lo miras sin filtros, esto no es un salto adelante: es ir más justo de gente y de ideas. Una reedición del acuerdo anterior, pero en versión recortada. Menos ruido, sí. Pero también menos músculo.

El invento se queda básicamente en Movimiento Sumar, Izquierda Unida, Más Madrid y Comuns. Que eso sea “más manejable” puede sonar bien en una sala de reuniones, pero en la calle significa otra cosa: menos territorio, menos gente distinta, menos país dentro.

Aquí no hay expansión. Hay cierre de filas.

Y cuando alguien propone abrir el melón, se baja la persiana. La propuesta de Gabriel Rufián se rechaza, no porque fuera un disparate, sino porque apuntaba a algo más grande, más incómodo y menos controlable. Traducción rápida: mejor pocos y bien atados que muchos y difíciles de gestionar.

Esto conecta con un problema de fondo: las segundas partes casi nunca molan. La primera vez había curiosidad, margen y algo de ilusión. Ahora no. Ahora la peña ya sabe cómo acaba la peli. Y si vuelves con menos personajes y el mismo guion, el interés baja.

Y luego está el elefante en la habitación: sin Podemos, la cosa se queda corta. No va de filias ni de broncas viejas. Va de realidad política. Podemos sigue siendo base social, sigue teniendo memoria electoral y sigue representando a mucha gente que no se ve reflejada en este Sumar más estrecho. Dejarlo fuera no es ordenar el espacio: es ponerse un techo bajo desde el minuto uno.

Claro que con menos partidos hay menos lío interno. Pero también hay menos pegada. La izquierda no gana encogiéndose; gana cuando se complica la vida y suma a gente distinta, incluso cuando eso genera tensiones.

Sumar 2.0, tal y como está planteado, huele más a aguantar posiciones que a ir a por todas. Y en un contexto de derechas crecidas, eso suele acabar mal.

Y aquí entra IU

Todo esto no es solo un problema colectivo; Izquierda Unida también tiene su parte de responsabilidad. No por lo que dice, sino por lo que acepta. IU vuelve a jugar el papel que lleva años repitiendo: el de gestionar bien el acuerdo pequeño en lugar de pelear por el proyecto grande.

Cuando toca empujar para ampliar el espacio, IU frena. Cuando hay que arriesgar para sumar más gente, prefiere la estabilidad del perímetro corto. Mucha experiencia, sí. Pero poca vista larga. Y en un momento en el que haría falta audacia política, IU parece más cómoda asegurando su sitio que preguntándose hasta dónde puede llegar el proyecto.

El resultado es un Sumar 2.0 más ordenado, más tranquilo… y claramente menos ambicioso. Una izquierda que se protege, pero que no desborda. Y cuando la izquierda deja de desbordar, empieza a retroceder sin darse cuenta.

#Sumar #IU #Podemos #Comuns #ERC

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