La gran mentira.
Una guerra que se elige
No estamos ante una guerra que se haya descontrolado sola ni ante una cadena de errores inevitables. Estamos ante una decisión política de Washington. Si la Casa Blanca rechaza abrir una vía de alto el fuego cuando existen intentos de mediación, entonces ya no puede vender esta escalada como una obligación impuesta por los acontecimientos. Lo que hay es una voluntad clara de seguir golpeando y de mantener la guerra abierta mientras resulte útil a sus intereses.
El doble discurso de Washington
Ahí se cae todo el relato de Estados Unidos. Washington intenta presentarse como garante de la estabilidad, pero actúa como potencia beligerante. Habla de seguridad mientras amplía el conflicto. Invoca la paz mientras bloquea cualquier salida que obligue a frenar los bombardeos. Y lo hace con esa vieja superioridad moral que pretende convertir cada decisión militar propia en una necesidad histórica y cada respuesta ajena en una prueba de barbarie.
Trump y la política del poder
Trump encarna esa lógica de la forma más descarnada. Lleva años explotando el discurso de que Estados Unidos no debe empantanarse en guerras eternas, pero cuando llega el momento de elegir entre desescalar o imponer la fuerza, vuelve a hacer lo que siempre ha hecho el poder estadounidense en Oriente Medio: usar la guerra como herramienta principal y la diplomacia como decorado. No hay ruptura con el viejo intervencionismo; hay una versión más brutal, más directa y menos hipócrita.
La mentira que sostiene la guerra
Lo más grave no es solo la guerra en sí, sino la mentira que la acompaña. Se quiere hacer creer que Washington actúa a la defensiva, como si no tuviera margen de elección, como si la diplomacia hubiera fracasado por causas ajenas y como si prolongar la ofensiva fuese el último recurso. Pero cuando una potencia tiene capacidad real para abrir una negociación y decide no hacerlo, ya no está respondiendo a una crisis: está administrando la guerra porque le conviene.
El verdadero papel de Estados Unidos
Estados Unidos no está conteniendo el incendio. Está echando gasolina y llamándolo orden. Está cerrando la puerta a la desescalada y presentándose después como actor responsable. Está usando su poder militar para sostener una escalada junto a Israel y, al mismo tiempo, pretende conservar la autoridad moral para dar lecciones al resto del mundo.
La conclusión incómoda
Esa es la gran mentira: no que Washington no pueda frenar esto, sino que quiera hacernos creer que todavía busca frenarlo.
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