El novio de Ayuso ya no es un rumor: Más cerca de la cárcel.

 


¿Habrá vis a vis?

Voy a decirlo claro: esto ya huele a fin de relato.

Durante meses nos han tratado de idiotas, como si repetir “ataque personal” y “cacería” bastara para borrar autos judiciales. Pero la justicia no funciona a golpe de micrófono ni de victimismo premium.

El juez ha dado diez días a Alberto González Amador para responder a peticiones de cárcel. CÁRCEL. No una multa, no un susto, no una regularización discreta. Prisión. Y aun así el PP sigue pidiendo silencio, comprensión y respeto a la intimidad.

¿Intimidad de qué?

¿Del presunto fraude fiscal?

¿De las sociedades pantalla?

¿De los millones mientras se recortan servicios y se presume de gestión?

Aquí no hay una pareja “perseguida”. Hay una presidenta autonómica que ha construido su poder político sobre un discurso moralista —los buenos, los vagos, los que pagan impuestos y los que no— mientras su entorno más cercano hacía exactamente lo contrario de lo que predicaba.

Y eso es lo verdaderamente obsceno: la hipocresía estructural.

Porque cuando el novio de Isabel Díaz Ayuso se enfrenta a peticiones de prisión, el problema no es “la izquierda”, ni “los medios”, ni “el sanchismo”. El problema es que el relato se ha quedado sin coartada.

Ya no sirve el “no sabía nada”.

Ya no sirve el “es su vida privada”.

Ya no sirve el “todos lo hacen”.

Esto va de poder, de impunidad y de hasta dónde se puede tensar la cuerda sin que se rompa. Y esta vez la cuerda la está tensando un juez, no Twitter.

¿Habrá vis a vis? No lo sé.

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