Papeles, poder y miedo: así se juega con la emigración


Voy al grano: la emigración se ha convertido en una partida política. No de cartas limpias, sino de esas en las que todo el mundo mira más al rival que a la mesa. Aquí no se habla de personas, se habla de papeles, poder y miedo.

Yo veo a PSOE calculando cada paso como si pisara un campo minado. Sabe que la gente migrante ya está aquí, currando, levantando sectores enteros. Lo sabe. Pero también sabe que decirlo sin rodeos tiene coste. Y el PSOE gobierna con una obsesión: no perder el control.

El truco

El truco es este: no negar nada, pero no afirmarlo del todo. Dejar la regularización en un limbo cómodo. Avanzar lo justo para parecer razonable y frenar lo suficiente para no encender a la derecha ni incomodar a ciertos socios. En Madrid se habla bajito; en Catalunya se pacta con Junts per Catalunya y se acepta endurecer el marco. Una cara aquí, otra allí.

No es contradicción, es miedo bien gestionado. Miedo a titulares, a encuestas, a perder apoyos. La emigración no se trata como un derecho, se trata como una variable electoral. Si sirve para aguantar, se usa. Si estorba, se aparca.

El trato

Y entonces aparece Podemos y rompe el silencio. Dice lo obvio: regularizar no es regalar nada, es asumir la realidad. Y sí, trae bronca. Y sí, genera desgaste. Pero al menos es dejar de jugar escondiendo cartas.

Ese es el trato: menos comodidad, más coherencia. Menos cálculo y más decisión. Y eso incomoda, porque obliga a elegir de qué lado estás cuando se acaba el margen.

Lo que hay debajo

Aquí el fondo no es la emigración. Es para qué sirve el poder. Si solo sirve para aguantar, el truco funciona. Si sirve para cambiar algo, toca asumir el miedo y seguir adelante.

Porque jugar con papeles puede darte tiempo.
Pero jugar con miedo acaba pasando factura.

#España #PSOE #PODEMOS

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