Podemos mira fuera, el país mira dentro


Podemos intenta presentar la salida de la OTAN como una posición de soberanía, cuando en realidad lo que deja ver es otra cosa: una izquierda más cómoda hablando de arquitectura internacional que disputando el malestar material dentro de España.

Lectura política

Belarra aprovecha la amenaza de Trump y la filtración del Pentágono para llevar el debate al terreno que mejor domina Podemos: OTAN, bases, rearme, guerra, subordinación a Estados Unidos. El marco tiene coherencia ideológica, pero también revela una limitación política evidente. En un momento en que vivienda, salarios, precios, sanidad o precariedad ordenan buena parte de la vida cotidiana, Podemos vuelve a colocarse en un eje internacional que moviliza a los suyos, pero difícilmente ensancha mayoría. La frase de la “humillación” funciona para militancia; no necesariamente para país.

Dónde está la clave

La clave no está en si Podemos es anti-OTAN. Eso ya se sabe. La clave está en qué decide poner en primer plano cuando necesita recuperar centralidad política. Y ahí la elección es reveladora: en vez de disputar con fuerza el precio del alquiler, la cesta de la compra, el deterioro de servicios públicos o la concentración de riqueza, eleva una batalla geopolítica que le permite sonar puro, pero también más lejano. El riesgo es claro: parecer más preocupado por la posición de España ante Trump que por la vida diaria de los españoles.

Lo que subyace

Es que Podemos necesita un territorio propio frente al PSOE y frente a Sumar. Y la política internacional le sirve porque ahí puede marcar una diferencia nítida: Sánchez aparece como europeísta-atlantista prudente, Sumar como socio crítico pero institucional, y Podemos como ruptura. El problema es que esa diferencia puede terminar encerrándolo. La salida de la OTAN es una consigna muy fuerte, pero también muy difícil de convertir en mayoría social si no se conecta con pan, alquiler y seguridad económica.

Que hay que hacer

Podemos habla de soberanía nacional en la OTAN, pero ha perdido capacidad para hablarle a la mayoría social sobre su soberanía cotidiana: llegar a fin de mes, pagar casa, vivir con servicios públicos dignos. Ese es el golpe útil. No niega el debate internacional; lo coloca en segundo plano frente a lo que una fuerza de izquierda debería priorizar si quiere volver a ser central.

Asi se vería mejor

“España debe defender su autonomía estratégica y no aceptar presiones de ningún gobierno extranjero. Pero la política exterior no puede convertirse en una forma de escapar de las urgencias nacionales. La soberanía también se mide en vivienda asequible, salarios dignos y servicios públicos fuertes.”


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