Pedro Sánchez: "Annus Horribilis", sí. Proyecto tumbado, no. Y ahí está la clave del odio.
Pedro Sánchez lleva encadenando un auténtico annus horribilis, pero, contra todo pronóstico y contra todo deseo de sus adversarios, el proyecto político que encabeza sigue avanzando entre fuego cruzado mediático, lawfare y crisis internas.
Hace tiempo que a Pedro Sánchez no lo intentan ganar en las urnas, lo intentan demoler a golpe de escándalo, sumarios filtrados y portadas en bucle hablando de “año horribilis”, “fin de ciclo” y “sangría socialista” como si lo desearan más que lo informaran. Cada caso sirve para pintar un presidente acorralado, un PSOE roto y un Gobierno agonizante, aunque luego muchas de esas causas se desinflen o acaben en nada mientras el daño político ya está hecho.
La receta se repite: crisis internas amplificadas, corrupción real o sugerida, errores graves de gestión como los de los casos que han sacudido al partido, y un ecosistema mediático que declara el “annus horribilis” de Sánchez cada pocos meses como un parte de guerra. Se habla de “tormenta judicial”, de “año de los disgustos”, de círculos de confianza en entredicho y de militancia en shock, todo envuelto en el mismo mensaje: el sanchismo es una anomalía que debe ser corregida.
Pero hay un detalle que los gurús del apocalipsis sanchista silencian: a pesar del barro, el Gobierno sigue legislando, ampliando derechos y colocando hitos que sus enemigos jamás se habrían atrevido ni a plantear. Mientras algunos convierten cualquier caso en arma arrojadiza, se mantienen medidas sociales, reformas laborales, políticas feministas y decisiones de memoria democrática que no salen en las portadas del “día horribilis”, pero cambian la vida material de la gente.
Sí, el año de Sánchez es horribilis: errores propios, decisiones mal gestionadas, escándalos que duelen también dentro del PSOE y una comunicación muchas veces suicida. Pero eso no borra un dato político de fondo: la derecha y la ultraderecha acumulan titulares, querellas, exigencias de dimisión y editoriales incendiarios, y aun así no consiguen lo que buscan de verdad, que es hacer caer un proyecto progresista que, con todas sus contradicciones, sigue siendo la única barrera entre el país que tenemos y el país que ellos sueñan.
En resumen: annus horribilis, sí. Proyecto tumbado, no. Y ahí está la clave del odio.
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