Sánchez gana el pulso… sin que nadie se atreva a jugar.
Sánchez gana antes de empezar. No porque el manifiesto de Jordi Sevilla carezca de contenido, sino porque la dirección del PSOE ha logrado que el partido funcione como un plebiscito permanente sobre el líder, no como una organización deliberativa.
Manifiesto que llega tarde
El texto de Socialdemocracia 21 plantea algo políticamente potente: cambio de rumbo, fin de la “dictadura de las minorías”, recuperación de un proyecto autónomo y mayoritario, menos bloques y más acuerdos de Estado. Es una enmienda a la totalidad a la estrategia de alianzas y al estilo de confrontación del sanchismo, envuelta en el lenguaje clásico de la socialdemocracia y de la Transición.
Sin embargo, nace con un pecado original: se presenta sin nombres visibles o con adhesiones que se insinúan más de lo que se muestran, lo que rebaja de golpe su capacidad de interpelar a la militancia y de generar coste político en Ferraz. Cuando el disenso se formula en plural anónimo, el aparato aprende que puede ignorarlo sin pagar precio interno.
Aparato en modo piloto automático
Mientras Sevilla habla de “espacio de encuentro” y “debate honesto”, los referentes mediáticos del partido repiten el guion defensivo: respeto formal, desdén práctico. Susana Díaz apela al “no es el momento” y al calendario electoral, dejando claro que incluso el ala crítica prioriza la gestión de los tiempos a la batalla de las ideas.
Ministros como Diana Morant o Jordi Hereu rebajan el manifiesto a excentricidad minoritaria, sin necesidad de entrar en el fondo del diagnóstico sobre la extrema derecha o la erosión institucional. El mensaje implícito a la organización es claro: quien se mueva, que lo haga sin esperar cobertura de nadie con cargo.
Partido en modo plebiscito
El diseño actual del PSOE convierte cada gesto interno en un referéndum sobre Sánchez: o con él y su aritmética de bloques, o con un supuesto pasado que se asocia a derrota, división y retorno del PP. En ese marco, cualquier disidencia se lee como amenaza a la continuidad del Gobierno, no como propuesta de mejora de la izquierda.
Por eso Sánchez gana antes de empezar: porque ha logrado que la discusión no sea socialdemocracia sí o no, sino Sánchez sí o no, y casi nadie en el partido se atreve a marcar la casilla incorrecta. El resultado es un manifiesto que dice muchas cosas que la militancia susurra… pero que la dirección sabe que nadie está dispuesto a gritar en voz alta.
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